Actualmente, la educación que se imparte a los mexicanos busca que sus niños y jóvenes se instruyan y tengan como objetivo sacar una buena calificación debiendo ser evaluados mediante un número, para así conocer su nivel y ser aceptados socialmente. ¿Qué pasaría si la educación primaria de nuestro país se enfocara, en gran parte, a los valores y después de ello, a las cuestiones competitivas y académicas?

El ejemplo perfecto de un país que lo está haciendo de esta manera es Japón. Allá en los primeros cuatro años de la primaria, los niños no son enseñados a responder exámenes, ni a ser evaluados. En vez de eso, los nipones dejan en primer plano el enfoque de los valores, tales como el respeto, la tolerancia, la paciencia, el cuidado del medio ambiente y la disciplina.

De esta manera logran crear no solo futuros prospectos de grandes mentes, sino alumnos con un sentido de integridad arraigado a su ser. Personas que buscan el conocimiento seguido del éxito, sin dejar a un lado el sentido humano e íntegro que toda persona debe tener.

Ahora, se podría pensar que los japoneses, al no someter a sus niños a evaluaciones y exámenes desde temprana edad,  no obtendrían buenos resultados. La realidad es que sucede todo lo contrario, según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en una publicación de este año 2020, en las pruebas PISA (Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos) más recientes: México obtuvo resultados de 420.5 puntos en lectura, 409 en matemáticas y 419.5 puntos en ciencias; mientras que Japón obtuvo 503.5 puntos en lectura, 527 puntos en matemáticas y 529.5 puntos en ciencias. Asimismo, nos podemos dar cuenta que no se debe decidir entre formar alumnos destacados o  formar personas íntegras sino que, es posible formar ambos.

Además, a lo largo de los años según los resultados en las evaluaciones PISA, México ha obtenido casi las mismas puntuaciones desde hace más de 30 años. En algunos aspectos ha mejorado, pero en otros ha empeorado. ¿Qué quiere decir esto? Qué México actualmente se encuentra estancado en los mismos resultados de hace más de 3 décadas. Como vemos, la fórmula educativa que se ha usado, no ha sido la más eficiente para potencializar los resultados de los jóvenes.

Dado lo anterior, nuestro país necesita cambiar el enfoque que ha llevado por años, aunque este modelo de educación no va a dar resultados de un día para otro o en una semana, o en unos meses. Es un modelo, que busca que la siguiente generación de mexicanos sea más humana que la predecesora. 

Nuestra realidad es que, ante todo, va el número que se asigna al conocimiento del alumno desde muy temprana edad y añadiendo que los padres de familia, normalmente, presionan a sus hijos para que tengan un mejor desempeño académico.

Ahora, cambiemos un poco nuestra realidad e imaginemos un México, donde a los pequeños lo primero que se les enseñe no sea a competir con el de junto, sino a respetarlo, donde el alumno no busque ser el más destacado, sino a buscar que todos sean destacados.

En este país no nos hacen falta más jefes que nos ordenen hacer las cosas, nos hacen falta líderes que en vez de ordenar, nos enseñen; que en vez de solo oír, nos escuchen,  que en vez de buscar el bien propio, busquen el bien común.

Por eso concluyo: Un país sin educación es un país pobre mentalmente, pero un país sin valores, es un país pobre humanamente.

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