“Sólo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos, ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos. El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el del tercero es el del mentado Tzilacatzin” -Miguel León Portilla

No hay duda alguna que la historia la escriben los vencedores, y en este mes patrio no existen las excepciones. Desde la educación primaria, nos han contado como los “malvados españoles invasores” destruyeron sin piedad a la cultura mexica. La conquista es un hecho innegable, pero últimamente las nuevas generaciones han aprendido que la cultura mexica era una civilización pacífica y llevadera con sus vecinos. Sin embargo, sorprenden muchos datos que aún no son conocidos entre los jóvenes de ahora.

Si le preguntaras a un estudiante promedio entre las edades correspondientes a las de primaria y secundaria sobre hechos de la Conquista de Tenochtitlán, seguramente dirían hechos como los de la viruela como mayor arma, la quema de pies del tlatoani Cuauhtémoc, o el dato de la Noche Triste. Datos curiosos y algunos ciertos, sin embargo ¿por qué hay leyendas de héroes que se están quedando cada vez más en el olvido general?

Poco se sabe de los dos primeros capitanes mencionados anteriormente en la frase del principio, pero sin duda el más impresionante es el capitán Tzilacatzin. Proveniente de la ciudad vecina de Tlatelolco, el historiador antes mencionado lo relata como un hombre maduro, fornido y honrado. Apenas llegó a la ciudad de Tenochtitlán, escuchó sobre la matanza del Templo Mayor y decidió enemistarse a muerte con Pedro de Alvarado.

Estos dos nunca tuvieron un enfrentamiento directo, sin embargo, no fue necesario. Su destreza en la pelea era tal que podía enfrentar a tres españoles al mismo tiempo. Aunque siempre iba cargando con él, lanza y escudo, él supo que su mejor arma era otra: el miedo.

Se decía que los españoles y sus aliados temían enfrentamientos con este guerrero, pues ya conocían sus habilidades en batalla. Incluso, León Portilla en su obra La visión de los vencidos le adjunta la habilidad de disfrazarse para pasar desapercibido para que aquellos que tenían el fin de terminar con su vida en campo de batalla.

(FOTO: Excelsior 2019, Miguel León Portilla fue el primer historiador y el único hasta el momento que ha escrito acerca del guerrero Tzilacatzin en su libro La Visión de los Vencidos)

Pero no solo tenía una habilidad increíble de lucha o una gran capacidad de influir miedo en sus enemigos, su orgullo era igual de impresionante que estas otras técnicas. Él mismo decía “Nunca dejaré atraparme. Y si un día ellos lo consiguen, pediré morir sacrificado o con un golpe del arma que contra ellos he usado”. El historiador afirma que el guerrero se atrevió a retar a un duelo a muerte al mismo Cortés (basta afirmar que el español nunca aceptó).

Su historial de pelea data hasta el fatídico 13 de agosto de 1521, en que los españoles y sus aliados finalmente vencieron ante el poderío mexica. La últimas palabras que se supieron de él fueron «¡Hoy, ellos y nosotros, y todos los que vivimos en este territorio sagrado, deberíamos luchar contra los que han querido someternos!»

Su muerte es quizá, lo único que no se sabe de Tzilacatzin. Nunca sabremos si murió en campo de batalla como guerrero, si hizo un intento fallido de sacar a los invasores, o si alcanzó a vivir una etapa de vejez dentro de la nombrada Nueva España. Pero ¿acaso una leyenda como esta no merece estar en los libros de Historia de las escuelas mexicanas? ¿No le daría un punto de vista fresco y nuevo a la historia de la Conquista que ya conocemos? Creo que es lamentable que la leyenda de Tzilacatzin sea la de un héroe olvidado.

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