En el momento en que uno ve cualquier película que esté basada en una obra literaria y haya leído previamente la misma, se lleva una gran decepción, en el sentido de que, no se respete el material original o sea una ofensa total al espíritu del texto primigenio.

Cuando comencé a ver Orgullo y Prejuicio, la película realizada en 2005, iba con bajas expectativas, no pensaba que ningún director o cualesquiera actor pudiese transmitir la profundidad y la hermosura de la obra de la increíble Jane Austen, gracias a Dios y a todos los Santos que estaba equivocado.

La primera escena, la primera escena representa con sutileza, delicadeza y amor lo narrado por Jane Austen, el campo, Longbourn, la primera conversación entre la Señora Bennet y el Señor Bennet, la emoción de la llegada de Bingley, la composición en la escenografía, la música, genera la atmósfera ideal para empezar a adentrarte en una historia tan linda.

Asimismo, cada escena icónica del libro está transportada en la película, el primer baile en Longbourn, la llegada del regimiento de Soldados, las conversaciones entre Jane y Elizabeth, el baile de Netherfield, la propuesta de Collins, el rechazo de Elizabeth a Darcy, la arrogancia y la opulencia de Lady Catherine de Bourgh al exigirle a Lizzy que no contraiga matrimonio con Darcy, cada detalle está cuidado para recrearlas con perfección.

Además, cada personaje se respeta, cada personaje es su personaje, Darcy es Darcy, Elizabeth es Elizabeth, Kitty y Lidya son el dúo que son en el libro, Caroline es Caroline, todos y cada uno de los actores enmarcan bien el espíritu de la obra, y eso es lo que la hace más entrañable.

En conclusión, Orgullo y Prejuicio, la película no te puede decepcionar, es preciosa, cada elemento que se ve en pantalla es increíble, por lo cual, es una película a la que tienes que decir ¡Sí, y mil veces sí!

«Sí, Mil veces Sí»

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