Las democracias de hoy en día no se destruyen de manera espectacular mediante guerras civiles, incendios, paisajes llenos de miseria y pobreza, golpes militares organizados desde dentro del gobierno, o de cualquier otra forma que implique violencia y muerte. No, nuestras democracias ya no usan la coacción para su desmantelamiento, sino que usan otro método más eficaz, silencioso, agudo y sereno: El propio gobierno.

Sí, las democracias del siglo XXI fallan debido a los presidentes electos, al congreso que es elegido por medio de votación, aquellos que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder, tal como lo anuncian Levitsky y Ziblatt en su libro, Cómo mueren las democracias:  “desde el final de la Guerra Fría, la mayoría de las quiebras democráticas no las han provocado generales y soldados, sino los propios gobiernos electos. En la actualidad el retroceso democrático empieza en las urnas.”

El hecho de que los actuales mandatarios sean quienes, por muchas razones -tales como la ambición humana, el egocentrismo o la búsqueda insaciable de poder-  busquen derrocar a la democracia e instaurar una autocracia, nos debe hacer reflexionar acerca de lo importante que es brindar nuestro voto en favor de tal o cual candidato.

 Por lo general, y lo que nuestra historia nos cuenta, es que los candidatos populistas son los que tienden a no saber jugar con las reglas de una democracia y pretenden saltárselas o  cambiarlas. Sí, aquellos candidatos que en teoría son los más allegados al pueblo, que vienen de entre la gente, aquellos que nunca han querido ni se han aferrado al poder, los que proclaman ser parte de la gente común y corriente, aquellos que juran y perjuran derrocar a los políticos que solo buscan enriquecerse y favorecerse de los bienes públicos. Este tipo de candidatos son los que de ser nada, llegan al poder y creen que de esa manera es como funciona todo un sistema, es por ello que cada vez vemos más y más gente que no sabe cómo lidiar con las reglas en juego: La Democracia.

Con la derrota de Trump de la presidencia de los Estados Unidos, se formula un importante precedente negativo para los candidatos políticos populistas tales como Jair Bolsonaro, presidente de Brasil y Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. Tales candidatos entran en el mismo rubro ya que, durante la pandemia fueron los primeros en negarse a la ciencia y a la medicina, diciendo que no al uso del cubrebocas, incitando a la gente a salir a las calles y actuar como si no existiera ninguna enfermedad, diciendo que todo iba bien, cuando en realidad nada lo estaba. Y en lo general, dichos mandatarios son quienes no admiten pensamiento en contrario ya que si uno lo hace, es considerado enemigo. Eso no es una democracia, eso es una autocracia, eso no refleja la libre expresión, solo la refleja en un sentido. No hay cabida para la oposición en estos gobiernos, solo existen aquellos que estén a favor.

Más allá de cualquier otra cosa, incito a la reflexión, a pensar más allá de lo que vemos en la tele, noticias o incluso en el periódico; a formular un criterio basado en la objetividad, analizando los perfiles de nuestros mandatarios, de los que han existido y de los que vendrán, de aquellos que sentaron los cimientos para que el mundo hoy fluya al nivel que lo hace.

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