MENSTRUAR A CONTRACORRIENTE

Hace apenas un par de días en el Congreso de la Unión se aprobó un dictamen para la menstruación digna, con el cuál se planea facilitar en planteles educativos públicos de educación básica y media superior del país el acceso gratuito a toallas sanitarias, tampones y copas menstruales.

Pero, ¿por qué es esto un logro para las niñas, adolescentes y mujeres de México? 

No es un secreto que en nuestro país las mujeres constituimos más de la mitad de la población, así como tampoco debería ser algo incómodo o tabú mencionar que el periodo menstrual es parte de nuestras vidas desde los 10-12 años hasta los 50-55, lo cuál nos otorga un lapso de aproximadamente 40 años activos de menstruación. 

Y ¿qué es menstruar? Porque los conocimientos respecto de la menstruación, generalmente se relacionan con los significados del desarrollo biológico y cambios del cuerpo femenino, sin embargo, este acto no solamente se refiere al sangrado vaginal que ocurre como parte del ciclo mensual de la mujer.

La realidad es que la menstruación conlleva síntomas consigo, los cuáles pueden ser calambres abdominales, dolor en la espalda, pechos hinchados y adoloridos, cambios en el estado de ánimo, dolor de cabeza, fatiga, etc. Estos son solamente factores “internos” que por sí solos dificultan la menstruación, pero si a ello sumamos problemas externos fundamentales cómo lo son la falta de información, sentimientos de vergüenza y tabú, violencia y bullying por parte de los compañeros, inadecuados servicios higiénicos y falta de recursos para poder acceder a los productos más básicos que la menstruación requiere, nos damos cuenta de que una vez más la integridad, dignidad y derechos de las mujeres se ven vulnerados.

Menstruar genera estrés y diferentes tipos de preocupaciones a todas las mujeres. 

BURLAS Y MALOS COMENTARIOS

Comenzamos con quiénes viven en zonas urbanizadas y con recursos suficientes para poder solventar el gasto de productos higiénicos femeninos, en ellas los pensamientos se remiten a “qué vergüenza mancharme”, “ojalá que nadie se de cuenta de qué estoy en mis días”, “tengo que esconder bien las toallas para que no se vean”, etc. 

Esta necesidad de querer ocultar nuestra biología sucede debido a los diversos tipos de violencia a los que nos enfrentamos desde niñas; cuando un compañero en el salón se burló de quién ensució su falda con sangre menstrual o de las niñas que platicaban de su periodo, además de la incomodidad que genera escuchar la típica frase de “seguro está en sus días” si algo nos enfurece o hace sentir mal. 

NI RECURSOS NI EDUCACIÓN 

Por otra parte, las mujeres con bajos recursos, en zonas rurales, indígenas o marginadas se enfrentan a distintos tipos de retos y dificultades. 

Todo comienza con la falta de información, ya que en muchas zonas de nuestro país hablar de menstruación aún resulta un tema digno de vergüenza, es por lo que muchas niñas llegan al día de su periodo sin esperarlo ni entender porque suceden esos cambios en su cuerpo, incluso frecuentemente desconocen que con el comienzo de la menstruación viene la posibilidad del embarazo. 

Hay ocasiones en las qué aún estando informada la primera menstruación te genera tristeza, miedo y vergüenza. A millones de niñas sus familias no las preparan ni mental ni emocionalmente para este importante suceso ya que no escuchan sobre el tema ni en sus casas, ni en la escuela. 

Hay altos índices de mujeres jóvenes que no asisten a clases, o que, al hacerlo en zonas marginadas del país, no reciben la educación sexual necesaria para poder afrontar el tema de manera efectiva, ya que la información acerca del como colocar un tampón, cada cuanto se debe cambiar una toalla sanitaria y los beneficios de la copa menstrual no son un tema debatible en muchísimas escuelas. 

A esto debemos sumar que la mayoría de estas niñas, adolescentes y mujeres se encuentran en situaciones de precariedad económica, lo cuál conlleva a la falta de recursos y por ende de productos de higiene necesarios para poder vivir una menstruación digna.

El precio de las toallas femeninas, los tampones o las copas menstruales, además de las pastillas para controlar los cólicos, resultan estar fuera del alcance de muchas familias, es por lo que en pleno año 2021 aún hay mujeres que utilizan incómodos trapos o telas sobre la ropa interior para poder detener el flujo de la sangre menstrual. 

CUANDO MENSTRUAR DUELE MÁS

En México no hay recursos públicos destinados a la adquisición de productos menstruales para las cárceles; así que, la mayoría de las veces, sólo es posible conseguirlos a precios excesivos o por la donación de organizaciones o familiares de las internas. Esto último es algo difícil, puesto que la mayoría de las mujeres cautivas padecen abandono familiar.

El poder contar con productos de higiene básicos para la menstruación dentro de una cárcel es un privilegio, cuando debería ser un derecho. Muchas prisiones no cuentan con agua suficiente, lo cuál incluso dificulta el lavado de zonas íntimas. 

La mayoría de las mujeres en estas condiciones optan por usar rollitos de papel higiénico cuando hay, pero a falta de, muchas caminan por los pasillos con la ropa manchada y la incomodidad de no sentirse limpias ni poder cambiarse o menstruar con dignidad. 

Es lamentable que en México se vivan con tanta frecuencia condiciones que atentan contra la salud y dignidad de las mujeres. Si bien este dictamen del congreso se encarga de regular una parte del problema, falta mucho por tratar y mejorar en el tema. 

Este artículo es solo un recordatorio de que no nos olvidamos de las demás, y de que no nos detendremos hasta que todas las mujeres de este país podamos ejercer nuestros derechos con igualdad. 

Continuamos con la búsqueda de un mejor futuro para que la menstruación sea digna por igual, para todas las mujeres, sin importar edad ni condición económica o social.

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